LYSA
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Fuente imagen: http://elysiumtan.tumblr.com/ |
Apenas cenó, Lysa se
retiró a dormir. No tenía ganas de conversación y menos de compartir mesa con
Petyr y Cat. Se sentía traicionada, utilizada. Se metió en la cama a pesar de
que sabía que no iba a lograr conciliar el sueño fácilmente. De nuevo las
lágrimas afloraron. ¿Qué le había hecho aquel muchacho? Desde que le dio el
primer beso torpe, algo cambió en ella. No lograba averiguar si fue por su
sabor a menta o había algo más. En el pasado había besado a algunos chicos,
gente sin importancia, pero con Petyr fue distinto. Lo que comenzó como una simple
curiosidad terminó por trastornarla de alguna forma más allá de la excitación
inicial de comprobar a qué sabía un beso como el de las canciones. Ahora se
daba cuenta de que siempre lo había querido. Su opinión era sagrada para ella,
lo adoraba, le gustaba estar con él desde el alba hasta el anochecer, se dejaba
guiar por él en todo… Y ahora lo amaba. Los celos que le asaltaron al ver cómo
besaba a su hermana se lo vinieron a confirmar. Petyr era el amor que había
estado buscando en otros chicos. Lo tuvo delante casi diez años y lo había
dejado escapar. Y él no estaba interesado en ella, sino en Catelyn, la cual lo
había embrujado. De ahí esa actitud extraña que había tenido el último año con
su hermana.
Cat entró en la
habitación. Lysa intentó hacerse la dormida, pero era imposible engañarla. «Tenemos que hablar, Lysa, por favor. Temo por tu salud. ¿Qué te ocurre?»
¿Acaso no lo imaginaba? ¿Tan ciega estaba que no se daba cuenta de que Petyr
estaba enamorado de ella? De la
perfecta Cat y no de la alocada e irresponsable Lysa, la que hacía todas las
travesuras con él y a la que primero había besado. «Cat, por favor, no te hagas
la inocente. No creía que fueras capaz de algo tan rastrero.» Su hermana la
miraba con extrañeza, sin comprender. «Me acusas de algo que no soy consciente
de haber hecho, ni siquiera sé lo que es. Habla con claridad, te lo suplico,
para que pueda defenderme», le replicó. Lysa no se lo pensó. «Has seducido a
Petyr, a mi Petyr. Estoy enamorada de
él y no has podido soportarlo. Te has estado dando aires de gran señora desde
que nuestro padre te puso en el lugar de Madre, pero que sepas que no me voy a
quedar de brazos cruzados mirando cómo engatusas a mi Petyr. ¡Si hasta quiere
ser un caballero para impresionarte!» Catelyn abrió los ojos con sorpresa
mientras Lysa seguía hablando. «Te ha besado como nunca me ha besado a mí. Me
ha estado utilizando sólo para conseguir un beso tuyo.» «Pero, ¿qué dices?»,
protestó Cat. «No creo que estés enamorada de Petyr, Lysa. Sólo es un muchacho
que es como nuestro hermano. Porque te haya dado dos o tres besos inocentes
jugando no es posible que ya lo ames de ese modo. Sabes bien que siempre has
sido muy apasionada y te prendas hasta de los bardos que pasan por Aguasdulces.
Seguro que el próximo que venga te quitará todas esas niñerías de la cabeza.» Y
continuó hablando. «En lo que respecta a mí, me ofende que pienses que he
querido robarte a Petyr. El beso que me dio fue parte de un juego tonto y yo ya
ni lo recuerdo. Seguro que él también está confuso como tú y pronto se le
pasará lo que afirmas que es amor por mí. En cualquier caso, tendrá que
olvidarse de lo que sea que sienta…» Lysa se secó las lágrimas que había
vertido mientras escuchaba a su hermana. Catelyn le acarició el pelo. «No
debería decirte esto, porque Padre me ha hecho prometer que se mantendría en
secreto hasta el anuncio oficial, pero a ti no te lo puedo ocultar: voy a
casarme.» Lysa abrió los ojos, incrédula. ¡Cat iba a casarse! Ya no habría
impedimento para que Petyr se fijara en ella. «Por favor, hermana», suplicó
Catelyn, «No le digas nada de esto a nadie. Tampoco a Petyr.» La pequeña de las
Tully se lo prometió.