Quisiera hacer algunas anotaciones una vez terminado el fic
lunes, 17 de septiembre de 2012
domingo, 16 de septiembre de 2012
Capítulo 30 (FINAL)
PETYR
Una vez en su habitación, se dispuso a recoger
las escasas pertenencias. Sacó el pequeño baúl que trajo consigo la noche que
llegó. Miró alrededor: nada de lo que había allí era suyo realmente, ni
siquiera la ropa que llevaba puesta. Si hubiera podido, se habría marchado
desnudo de Aguasdulces. Dejó el baúl en el mismo lugar en el que estaba y sólo
tomó los dragones de oro que atesoraba en un cajón del armario.
Después de una comida frugal en el cuarto, bajó las escaleras con lo puesto. Según Ser Brynden, Lord Hoster había prohibido a sus hijas que fueran a decirle adiós siquiera. La historia se repetía: se iba con la misma poca importancia para los habitantes del castillo que cuando llegó. Nadie vino a recibirlo a pie de calle en aquella ocasión y ahora ningún miembro de la familia Tully salía a despedirlo. Llegó a la puerta de la fortaleza acompañado sólo del eco de sus propios pasos. Lo aguardaba ya el transporte que lo alejaría de allí, de lo que había sido su vida: casi diez años de felicidad y unos últimos meses de sufrimiento mezclado con la experiencia del primer amor y el sexo.
Después de una comida frugal en el cuarto, bajó las escaleras con lo puesto. Según Ser Brynden, Lord Hoster había prohibido a sus hijas que fueran a decirle adiós siquiera. La historia se repetía: se iba con la misma poca importancia para los habitantes del castillo que cuando llegó. Nadie vino a recibirlo a pie de calle en aquella ocasión y ahora ningún miembro de la familia Tully salía a despedirlo. Llegó a la puerta de la fortaleza acompañado sólo del eco de sus propios pasos. Lo aguardaba ya el transporte que lo alejaría de allí, de lo que había sido su vida: casi diez años de felicidad y unos últimos meses de sufrimiento mezclado con la experiencia del primer amor y el sexo.
Qué raro era todo… Llegó siendo un niño
y se marchaba como una especie hombre a medio hacer. Se pasó la mano por la
barbita del mentón y después por el pecho, palpando el lugar de la cicatriz.
Ahora no le importaba tenerla: así siempre recordaría que una vez fue débil y
ya no volvería a serlo. De repente, vio planear sobre él a un pequeño sinsonte.
El pajarillo era el único que parecía decirle adiós. Emitió un canto
melancólico similar al de un ruiseñor. Siempre le había entusiasmado ese
animal, minúsculo, gris y poco importante, pero capaz de imitar el canto de
otros pájaros para engañar a sus enemigos: el rey de la impostura. Eso era en
lo que lo habían convertido a él, en lo que le habían obligado a transformarse.
Justo antes de subir al
carro, dirigió una última mirada hacia Aguasdulces. Le pareció reconocer una
silueta recortada en una de las ventanas. Levantaba la mano y le decía adiós.
No supo distinguir quién de las dos hermanas era. Se obligó a no responder al
gesto y se tragó sus propias lágrimas. «Algún día volveremos a encontrarnos»,
pensó. «Y ya no seré un niño tonto. Ahora sé lo que soy y obtendré lo que deseo. He aprendido que no puedo ganar en vuestro juego, pero sí puedo ser
el triunfador del mío, como siempre lo he sido. Y te convertiré en mi doncella
de nieve para siempre, Cat. Lo juro aquí y ahora.» Sin dudarlo, se metió en el carruaje y no
miró hacia atrás.
FIN
sábado, 15 de septiembre de 2012
Capítulo 29
CATELYN
Sabía que llegaba tarde
pero, aún así, se acercó a la habitación de Petyr. Llamó a la puerta. Silencio
absoluto. Volvió a golpear suavemente la madera. De nuevo no obtuvo respuesta.
Entonces lo vio llegar por el pasillo, derrotado, andando erráticamente. Ya se
había enterado de la noticia. Él levantó la cabeza y la miró torvo. Catelyn se
dejó llevar y corrió a abrazarlo, pero el muchacho se quedó tieso como un palo. Ella se arrepintió de haber cedido al impulso y se apartó de él, ofendida. «Cat, me echan de Aguasdulces. No hagas esto más duro, por favor.» La muchacha
se mordió el labio inferior. «Lo siento, Petyr, no era mi intención. Quería
habértelo dicho yo, pero mi tío se adelantó por lo que veo. Te juro que esto me
duele tanto como a ti.» Él negó con la cabeza. «No lo creo. Ante ti se abre un
futuro espléndido, casada con un joven como el que siempre soñaste: alto,
fuerte, con el pelo oscuro y barba,
¿lo recuerdas?», y rio al decir esto último, dirigiendo sus ojos gris verdoso
hacia ella. Cat sonrió a su vez. «Es cierto, no puedo decir que no me guste…
pero no lo conozco, es sólo un matrimonio concertado. No sé si me ama o si
llegará a hacerlo. Y sentir que te aman es algo… maravilloso. Ahora me he dado
cuenta.» Petyr se pasó la mano por el pelo, bajando la mirada. «Todo esto era algo imposible, Cat,
ahora soy consciente de ello. Pero me queda el consuelo de saber que llegaste a
sentir algo por mí y fuiste mía. Eso no me lo podrá quitar nadie. Jamás.» Y,
sin que ella lo esperara, la besó en la boca con su aliento de menta y se metió
en el cuarto, dejándola perpleja.
![]() |
Fuente imagen: http://algesiras.deviantart.com/ |
viernes, 14 de septiembre de 2012
Capítulo 28
PETYR
Fue llamado para
presentarse ante Ser Brynden Tully. Como Lord Hoster aún reposaba de su ataque,
delegó en su hermano el asunto de Petyr, que había quedado en suspenso. El
muchacho lo prefirió, porque tenía más confianza con el Pez Negro, quien había
sido más un padre para él que el propio señor de Aguasdulces. Petyr aún recordaba
una noche, hacía unos tres años, en la que Edmure, Cat, Lysa y él se habían
emborrachado con dorado del Rejo aprovechando la ausencia de los adultos y Ser Brynden
se había ocupado de ocultar el estropicio a Lord Hoster para que no los
castigara. En aquella ocasión, Petyr había estado bailando con Cat y ella
parecía divertirse mucho. En ese estado de embriaguez, él intentó besar a
Catelyn, pero ésta lo rechazó bruscamente. Por aquel entonces aún no tenía tan
claros sus sentimientos; lo que sentía era una especie de veneración por
aquella niña alta de pelo castaño rojizo que se movía con tanta elegancia en
torno a él bajo el influjo del alcohol, riendo a carcajadas y lanzándole besos
con picardía. Aquello quedaba tan lejos en el tiempo... Eran sólo unos críos,
aunque, ¿eran adultos ahora? Estaban madurando a través de desengaños y
sufrimientos. Hubiera preferido no crecer nunca y volver a ser el niño que
jugaba a ser el caballero de Cat. Pero eso era imposible.
Ser Brynden ya lo
esperaba en el salón principal de Aguasdulces. Petyr entró tranquilo y se sentó
frente a él. Imaginaba que se había tomado alguna decisión sobre su futuro en
el castillo. Él no estaba muy preocupado: Cat no tardaría en casarse y el
problema quedaría solucionado con su marcha, aunque él perdiera al amor de
su vida... Al menos la vería alguna vez cuando ella visitara a su padre. Por lo
que había oído, Lysa también se iba a casar, no tenía claro con quién;
ella no le comentó nada cuando estuvieron juntos en su cuarto, pero la notó tan
triste que posiblemente ya supiera algo en ese momento. En cierto modo, lo que
ocurrió entre ellos tenía un dejo de despedida y también de despecho por ambas
partes. Petyr desahogó sus deseos de poseer conscientemente a Cat con Lysa y
ella pareció buscarlo a su vez como cuando le pidió un beso de menta: para
experimentar qué se sentía haciendo el amor con alguien querido. Después de
aquel encuentro, ella se marchó sin despertarlo y no volvió a verla. Había sido
algo muy raro, pero no se arrepentía. Todo lo que estaba ocurriendo parecía
haberle endurecido y no creía que nada pudiera hacerle daño ya. Pero esto sólo
era una manera de ocultar todos sus temores e inseguridades. Era necesario
hacerse una coraza para no mostrar más sus debilidades.
Ser Brynden comenzó a
hablar a Petyr: «Hijo, mi hermano y yo hemos estado hablando sobre qué hacer contigo.
Debes reconocer que tu presencia aquí ya no es bienvenida. Eres joven, pero
nunca te había tenido por un alocado. Desde que viniste, percibí mucho mejor
que Lord Hoster tu valía e intelecto. Es una pena que todo tenga que
precipitarse y terminar de este modo.» Petyr escuchaba serio y tenso. ¿Qué iban
a hacer con él? Su sueño habría sido quedarse en Aguasdulces como administrador
para aprender todos los secretos de la economía de un gran señorío. «Te aseguro
que he intentado por todos los medios suavizar la decisión de mi hermano, pero
no ha dado su brazo a torcer: te irás de Aguasdulces y regresarás a Los Dedos.»
Petyr no creía lo que estaba oyendo. ¡Volver a ese sitio miserable, como un
perro apaleado y con el rabo entre las piernas! La sangre le subió a la cabeza
y dejó de oír lo que Ser Brynden seguía diciendo, como si se hubiera caído a un
pozo y oyera voces desde el brocal, ecos ininteligibles. Sólo acertó a entender
que esa misma tarde abandonaría el castillo. Se levantó como un muerto
viviente, incapaz de responder, y se dirigió a su habitación con la mente
confusa.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Capítulo 27
CATELYN
Mientras su padre
estaba convaleciente, Catelyn volvía a asumir las tareas de señora de
Aguasdulces. Las ocupaciones no le ayudaban a quitarle de la cabeza los
acontecimientos recientes. Lo ocurrido durante la reunión con Petyr se había
mantenido en secreto, pero ella sabía por Lysa que andaba de por medio el honor
de la familia. Su hermana le había confesado que había dejado de ser doncella
con él, aprovechando su reposo. Cat sintió una punzada de celos cuando oyó eso,
no entendía por qué. Iba a casarse con un hombre de posición social
importante, joven y guapo, y sería la señora de una gran fortaleza como
Invernalia, pero no lograba sacar de su cabeza al muchacho enamorado de ella.
Si tanto la quería, ¿por qué había compartido su lecho con Lysa? Se pasó la
mano por la cara: la tenía ardiendo. Imaginar qué sería estar con él en la
intimidad la hizo estremecerse. Nunca lograba ponerse en esa situación con
Brandon Stark porque no dejaba de ser un desconocido. Con Petyr era una
sensación extraña: lo trataba como a un hermano pero, desde que la besó y le
confesó sus sentimientos, una pequeña parte de su corazón se había vuelto
rebelde y le hacía pensar en él de otra manera, asaltando su mente cuando menos
lo esperaba. El último encuentro con él la tenía obsesionada: verlo todavía
herido, cojeando, tan delgado pero tan esbelto, tomando su mano para llevársela
a los labios… Y hablándole de su incursión en la habitación, donde lo había
besado. ¿Por qué tuvo que hacer eso?
Ser Brynden ayudaba a
Cat durante el reposo de Lord Hoster. Ese día tenía una reunión con él. Su tío
estaba aguardándola en un salón secundario usado para visitas poco importantes.
Su expresión era pesarosa. Catelyn se sentó a su lado y Ser Brynden le dijo que
debían hablar del futuro de Petyr. «Está todo decidido, querida. Tu padre ha
sido muy claro en este aspecto.» Por el tono de sus palabras, Cat imaginó lo
peor. Y todo vino a confirmarse cuando su tío siguió hablando. Al término del
encuentro, Ser Brynden abandonó la sala, dejando a la muchacha con el corazón
en un puño. Tenía que hablar con Petyr urgentemente.
![]() |
Ilustración: Elia Fernandez |
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Capítulo 26
LYSA
Lord Hoster había
sufrido un fuerte ataque que lo tenía postrado casi una semana. El maestre
Vyman se quejaba de la racha de calamidades que se estaban sucediendo en
Aguasdulces, como si hubiera caído una maldición sobre la casa y la familia.
Lysa se sentía culpable de todo. Los habitantes del castillo, desde el propio
maestre hasta el más humilde sirviente, miraban mal a Petyr, al que acusaban
tácitamente de lo ocurrido a Lord Tully. La reunión se había celebrado a puerta
cerrada y nadie, salvo los asistentes, conocían el contenido de lo que allí se
discutió, pero lo cierto es que Petyr estaba en el ojo del huracán. A Lysa le
mortificaba verlo como el chivo expiatorio que pagaría lo que había sido culpa
suya, porque imaginaba lo que su padre le había dicho…
Ese sentimiento de
culpabilidad le hizo comportarse como una abnegada cuidadora de su progenitor.
A pesar de las molestias que aún tenía, se pasaba muchas horas al lado de la
cabecera del enfermo, atendiendo todas sus necesidades. Lord Tully estaba
consciente, pero apenas le dirigía la palabra a su hija desde que ésta le había
confesado que Petyr era inocente, que ella lo había seducido. Lord Hoster no
era capaz de digerir una noticia así y prefería seguir engañándose con la idea
de que el seductor había sido Petyr. La joven lo entendía. Catelyn jamás
hubiera cometido semejante bajeza, no era digno de una dama. Lysa siempre había
sido alocada y muy apasionada, no pudo evitarlo.
Cierto día, mientras le
daba de comer a su padre, éste le preguntó que cómo se encontraba. Ella no se
lo esperaba y respondió con un simple «bien». Lord Hoster tomó su mano al
tiempo que empezaba a hablar: «Hija, he sido duro contigo, pero tienes que
ponerte en mi lugar. Eres una Tully de Aguasdulces, has de cumplir con tu
destino y casarte con un hombre de tu condición social. He decidido concertar
tu matrimonio.» A Lysa empezó a temblarle el labio… ¿Qué estaría maquinando su
padre? Ella esperaba un niño de Petyr, pero hablaba de casarla con alguien de
su misma categoría… «Padre, quiero a Petyr y estoy embarazada de él. No creo
que nadie más pueda ser mi esposo.» Lord Hoster clavó su ojos en ella de tal
manera que la hizo estremecerse. «No tendrás un bastardo de ese sinvergüenza. Sólo
te ha utilizado para ascender socialmente. El maestre te dará Té de la Luna y
será como si nada hubiera ocurrido.» Lysa escuchaba sin dar crédito ¡Quería que
matara a su bebé! ¿Estaría durmiendo y teniendo una pesadilla? Su padre
continuó: «Te casarás con Lord Jon Arryn y te marcharás al Valle. El Lord
Protector necesita una esposa joven y capaz de darle hijos, y ya hemos comprobado
que tú eres fértil. Tu tío Brynden lo ha arreglado todo para que se celebre tu
matrimonio el mismo día que el de tu hermana.» Con estas palabras dio por
finalizada la conversación y la echó del cuarto. Lysa no tuvo oportunidad de
replicar, aunque de nada hubiera valido. Tras todo lo ocurrido sólo le quedaba
ser obediente y aceptar que los demás decidieran por ella. La niña rebelde y
despreocupada ya no existía: se había convertido en una marioneta cuyos hilos
movían otros. Pensó en la vida que le esperaba: obligada a beber el Té de la
Luna y renunciar a su hijo, casada con el viejo Jon Arryn, expulsada de
Aguasdulces, alejada de Petyr… Era para volverse loca.
Salió de la habitación
sin saber hacia dónde ir. Catelyn estaba muy ocupada atendiendo Aguasdulces en
lugar de su padre y tampoco la escucharía. Siempre la había criticado por su
irresponsabilidad y ahora se demostraba que tenía razón. Cat no sospechaba que
estaba embarazada. A ella sólo le había contado que dejó de ser doncella en el
lecho de Petyr. Sin darse cuenta de cómo, se vio ante la puerta del cuarto del
muchacho. Era el único con el que le apetecía hablar. Apenas lo había visto un
par de veces en el comedor tras el ataque sufrido por su padre. No parecía haberse
enterado de nada... ¿Seguiría creyendo que era Cat la joven con la que estuvo? ¿Acaso
su padre no le había dicho que era ella, Lysa, la que esperaba un hijo de él? Llamó
a la puerta y una voz le preguntó desde dentro que quién era. «Soy Lysa»,
contestó. Tras unos segundos de silencio, Petyr la invitó a pasar. El muchacho
estaba recostado en la cama, en camisa, con las manos detrás de la cabeza.
Observó a Lysa de reojo, mostrando su encantadora sonrisa. Ella entró confiada
y se sentó junto a él en el lecho. Petyr empezó a hablar sin que ella le
hubiera dicho nada. «Estoy hecho un lío, Lysa. Cat dice que no me quiere como
yo a ella y, sin embargo, tu padre asegura que estuvo en mi cama mientras que
yo me recuperaba de mis heridas. Tu hermana ha reconocido que me besó, pero para
ella el deber es más importante que el amor. Tú no harías algo así, siempre has
sido diferente…» Lysa escuchaba mirando al techo. Catelyn había besado a Petyr.
Quién sabe qué más hizo con él… pero no, su hermana nunca se atrevería a eso.
El muchacho se incorporó de repente y le cogió la barbilla, obligándola a
mirarle. «Pero, ¿a quién estoy contándole todo esto? La única persona que
siempre me ha querido eres tú, ¿verdad? No te mereces sufrir por mí.» Cambió el
tono de su voz por uno más susurrante, mientras le pasaba un dedo por la cara. «¿Sabes que te eché de menos durante mi convalecencia?» Lysa respiró hondo. «Estuve contigo cuando dormías bajo los efectos de la leche de la amapola»,
dijo con voz baja y temblorosa. No se atrevió a confesarle la verdad por miedo
a su reacción. Acababa de perder la única oportunidad de aclararlo todo y notó
que las lágrimas luchaban por salir. Petyr parecía conmovido por los ojos
llorosos de la joven. Durante un instante se quedaron mirando fijamente. Él
bajó los párpados con un pestañeo lento y seductor, al tiempo que sonreía de
aquella manera pícara tan suya.
Lysa notó el olor a menta que emanaba de su boca. Se dejó llevar por sus sentimientos y besó al muchacho, que no se resistió, sino que respondió al beso al tiempo que le acariciaba el cuerpo por encima de la ropa. Lysa necesitaba con urgencia tocar la piel de Petyr y le abrió la camisa, besándole la cicatriz del pecho. El joven desató los cordones del vestido y se lo bajó, mirando su cuerpo, como si fuera la primera vez que lo veía. Lysa se ruborizó. Sabía que no era así, pero él no lo recordaba. Metió las manos en los rizos oscuros y atrajo su cabeza para volver a besarlo. Iba a ser la última vez que disfrutaría en un acto tan íntimo y no estaba dispuesta a renunciar. No había nada que perder ya. Petyr tampoco se refrenó, estaba totalmente entregado. Lysa paladeaba el momento. Después de aquel instante de placer compartido con el amor de su vida, ya no volvería a sentir nada igual casada con un viejo al que no había visto jamás. Borró ese pensamiento y se concentró en lo que estaba viviendo. Estaba con él y él con ella, de una forma real, sin delirios febriles. Se recostó y Petyr se colocó sobre ella totalmente desnudo. Notaba sus huesudas caderas entre sus piernas, moviéndose a un ritmo cada vez mayor. Lysa se movió a su vez y lo abrazó con fuerza. La cabeza del joven se hundió entre sus pechos. De repente, él empezó a respirar fuerte y a gemir. Ella, alentada, también dejó salir un suspiro profundo. Cuando estaba en la cima del placer, como fuera de sí, Petyr estalló en un grito «¡Oh, Caaaat!» Agotado, se durmió sobre Lysa, que lloraba. No sabía si de alegría o de tristeza.
martes, 11 de septiembre de 2012
Capítulo 25
PETYR
El encuentro con Cat lo había dejado aturdido. Ya no sabía qué pensar… Catelyn parecía turbada cuando habló con él, ni siquiera pudo negar que lo había besado, pero tampoco le confesó que lo amara. Seguía siendo como su hermano y lo quería como tal; al menos eso creyó entender de las palabras de la muchacha. Se notaba un poco febril. Posiblemente eran los nervios por el encuentro con Lord Tully. Se colocó bien el jubón y reemprendió la marcha lentamente.
Entró por fin al salón principal. Allí lo esperaban Lord Hoster, Ser Brynden Tully y Vyman. No se explicaba qué pintaba allí el maestre. A lo mejor tenía que darle alguna mala noticia sobre su salud y las secuelas que las heridas le iban a dejar. Lord Hoster le indicó una silla con un gesto de cabeza. Su rostro tenía una expresión dura. Él posó sus ojos en Brynden, esperanzado. Había sido un confidente bondadoso en sus años infantiles y tenía fe en que lo defendería de la ira de Lord Tully. Tomó asiento y esperó a que el señor del castillo empezara a hablar. Aparentaba calma, pero las venas de la frente aparecían hinchadas. Fue directo al grano. «Petyr, estoy profundamente decepcionado. Aquí te hemos tratado como a uno más de la familia durante casi diez años, he compartido contigo el pan y la sal, has disfrutado de las comodidades de Aguasdulces y, lo que más me duele, has contado con la confianza de mis hijos…» Petyr estaba perdido, sin saber hacia dónde se dirigía el discurso. Lord Hoster seguía hablando: «Me has pagado avergonzándome ante la casa Stark, con la que he contraído una alianza poderosa, atreviéndote a retar al mismísimo heredero de Invernalia y prometido de mi hija.» ¿Le iba a echar un sermón por haber retado en duelo a Brandon Stark? ¿Acaso era ilícito hacerlo? Dejó que el señor de Aguasdulces continuara, esperando la finalidad de esa especie de introducción. «…Y lo peor no es eso.» Ahora Petyr ya no se imaginaba qué podría ser peor. Por primera vez, su cara de inocente frente a Lord Hoster era real. «Has deshonrado a la sangre de mi sangre de la manera más sucia y vil. Te has aprovechado de la inocencia usando alguna de tus tretas, pero esta vez no me valen excusas. Las pruebas son más que evidentes. ¿Qué tienes que decir en tu defensa?» ¿De qué demonios estaba hablando? El maestre Vyman asintió ante estas palabras cuando Lord Hoster lo miró, buscando su confirmación. Petyr no sabía qué responder porque desconocía de qué lo culpaban. Por un momento pensó en el beso de Cat. ¿Se referirían a eso? Se armó de valor y, sin saber de dónde le salían las palabras, respondió: «Mi señor, he estado un mes convaleciente, entre la vida y la muerte. Diré en mi defensa que retar a un duelo por amor no es ninguna deshonra. Su hija es digna de lo mejor y yo no soy nadie, pero hasta los seres más humildes merecen una oportunidad en la vida.» Lord Hoster lo escuchaba atónito, mientras su hermano Brynden le pedía calma y con un gesto invitaba al muchacho a continuar. Petyr, alentado, prosiguió. «Decís que he cometido un delito aún más grave que deshonra a su hija… Perdonadme si os digo que fue ella la que lo hizo voluntariamente.» Lord Hoster estalló en un grito: «Pero, ¿qué dices canalla? ¿Estás insinuando que mi hija se metió en tu asquerosa cama porque quiso? ¡Juro que te mato aquí mismo, escoria inmunda!» Ser Brynden apenas lograba sujetar a su hermano, que ya había empezado a desenvainar la espada. Petyr retrocedió asustado, al tiempo que se mareaba al comprender el alcance de lo que Lord Tully acababa de gritar ¡Cat en su cama, su doncella de nieve era ella! Entonces no fue sólo un beso… ¡Todo lo demás también era real! No sabía si reír o llorar. Lo amaba y se iba a casar con otro. El señor del castillo le apuntó con un dedo amenazador, al tiempo que gritaba «¿Quién te crees que eres, Meñique? ¡Jamás habrá un Baelish en mi familia, lo juro por los Siete! ¡Y te rebanaré el cuello como digas una palabra de est…!» Lord Hoster se desplomó de repente con el rostro congestionado.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Capítulo 24
CATELYN
Se encontraba en una pequeña sala del castillo bordando para distraerse. No saber nada de Petyr en casi un mes era una tortura. Después de su breve y furtiva visita, no había vuelto a tener noticias de su estado, aunque confiaba en que sería bueno por lo que había oído comentar a Lysa, que obtenía información de cualquier parte. Su padre la tenía en total desconocimiento sobre la salud del muchacho como castigo por algo que, en realidad, no había sido culpa suya, pero en su fuero interno era una especie de penitencia que consideraba merecida. Por otra parte, los preparativos de su enlace con Brandon Stark no le hacían olvidar que su amigo más querido estaba postrado, herido por fuera y, sobre todo, por dentro. Cuando lo vio tendido en la cama, destrozado, quiso haber viajado en el tiempo y evitado que todo hubiera sucedido. Pero había algo que era imposible detener: el amor que Petyr sentía por ella.
La felicidad por su compromiso se veía empañada por el hecho de ser consciente de que existía una persona que la amaba hasta el punto de arriesgar su vida por demostrárselo. «Es sólo un niño», le había dicho a Brandon. Pero era “su niño”, el compañero de juegos y también, por qué no, el primero que la había besado por amor. Se tocó los labios al recordarlo… Su prometido era un joven ideal, superaba sus expectativas pero, ¿lo amaba realmente? ¿Y él a ella? Apenas se conocían, mientras que Petyr era como su hermano… Un hermano muy especial. De pequeños se contaban todos sus secretos y alguna vez habían jugado a ser un caballero y su dama. El niño huía de representar el papel de guerrero y optaba por idear adivinanzas y pruebas de ingenio para salvar a su amada de las garras de un fiero dragón. Siempre había sido diferente y muy inteligente. En aquellos momentos de diversión infantil, Cat no habría podido adivinar que, con el paso de los años, Petyr albergaría sentimientos de adulto hacia ella. ¿Por qué era todo tan complicado?
Dejó a un lado su labor y subió a los dormitorios. Con suerte se tropezaría con el maestre Vyman saliendo del cuarto de Petyr. Le interrogaría aunque luego se lo contara a su padre. Ya no le importaba correr el riesgo. Al doblar la esquina del pasillo se dio casi de bruces con quien menos esperaba: Petyr en persona. ¡Estaba recuperado! O eso parecía… Su aspecto no era el mejor, aunque lo notó más maduro, como si hubiera crecido mientras recobraba la salud. Incluso lucía una incipiente barbita. Reprimió el impulso de abrazarlo con fuerza, de gritar de alegría. Era como si él hubiera estado en una guerra y por fin regresara a casa después de mucho tiempo, sano y salvo. ¿Qué había de malo en estrecharlo entre sus brazos y darle un beso? Pero su sentido del decoro se lo impidió. A veces le daba la sensación de que tenía el corazón de piedra… Todo era fruto de su rígida educación. Por su parte, Petyr transmitía también su incomodidad ante el encuentro. Finalmente, Cat rompió el silencio. «No esperaba verte andando… Eso es buena señal, ¿no?» El muchacho asintió, levantando la muleta con aire irónico. «Sí, ahora tengo otra pierna…», contestó. Catelyn observó el cuerpo aún herido de Petyr y, sobre todo, la palidez de su rostro. Prefirió no aludir a ello y le pasó los dedos por el pelo. Lo tenía muy largo y el mechón blanco sobresalía entre la maraña oscura de sus cabellos. El chico bajó la cabeza al tiempo que le cogía la mano y se la llevaba a los labios. Ella no la retiró. «Cat, sigo queriéndote, debes saberlo. Es más: creo que tú también has empezado a quererme como yo lo hago. Sé que eras tú, no me puedes engañar…» La muchacha miró hacia otro lado al tiempo que la sangre le subía a la cara. ¿Por qué no pudo resistir el impulso de besarlo? Petyr continuó. «Estabas allí, te vi, tus cabellos se quedaron en mi cama y tú me besaste…» Catelyn negó con la cabeza, pero a él no podía engañarlo. Su lenguaje corporal la delataba. Nunca había podido mentir a ese muchacho tan avispado. «Calla, por favor. Debes olvidar, te lo suplico. Mi padre me mataría si se enterara de que fui a verte y a ti te haría algo peor. No creo que pudiera soportarlo, Petyr.» El joven abrió la boca para hablar, pero ella le interrumpió: «Estoy prometida, pero tú eres alguien muy importante en mi vida y siempre lo serás, aunque esté casada. Diez años no se pueden borrar de un plumazo. En mi corazón hay un hueco para ti, ya lo sabes. Pero olvídate de tu amor por mí y serás más feliz, Petyr. Y yo también.» Tomó la cara del muchacho entre sus manos. Por un instante se perdió en sus ojos verdegrisáceos rodeados de espesas y largas pestañas negras. Alzó la cabeza y le dio un beso en la frente. Sin volver a mirarlo, se marchó llorando por donde había venido.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Capítulo 23
PETYR
Tras casi treinta días
de encierro, Petyr obtuvo permiso del maestre para salir de la habitación. Lo
haría por su propio pie, aunque no sin trabajo. Había estado ejercitándose dos semanas
en el cuarto y recuperado parte de las fuerzas, pero aún necesitaba apoyo para
moverse. Seguía estando delgado y su rostro había perdido el color moreno
después de un mes sin ver el sol. Parecía un fantasma y así se sentía él: un
espíritu invisible al que nadie percibía. Era un ser sin importancia en la vida
de Aguasdulces. Para más desgracia, aún presentaba numerosas cicatrices que
irían desapareciendo, aunque la del pecho quedaría ahí para siempre, como un
recuerdo doloroso del gran fracaso de su vida.
Mientras se vestía, se
pasó la mano por el torso, acariciando la herida, y un pensamiento fugaz, como
un fogonazo, le cruzó la mente: ¿Dónde estaba Lysa? Desde que se batió en duelo
con el Stark no había sabido nada de ella. Era extraño… La muchacha le había
confesado su amor y, sin embargo, no le visitó durante su convalecencia,
mientras que Cat se había arriesgado a verle e incluso le había besado. Quizás
estuvo en el cuarto mientras él dormía bajo los efectos de la leche de la
amapola. El estado de semiinconsciencia que provocaba el brebaje le había
dejado un sinfín de lagunas mentales. Era un remedio bastante peligroso y no
convenía administrarlo mucho tiempo según le comentó el maestre. Ahora entendía
por qué. Le fastidiaba haber perdido quince días de su vida que se resumían en
un gran espacio en blanco, salpicado sólo por escenas que no lograba dilucidar
si eran reales o soñadas.
Ese día estaba citado
para hablar con Lord Hoster. Se encontraba poniéndose las botas cuando una
sirvienta llamó a la puerta. La hizo pasar y ésta le comunicó que el señor del
castillo ya lo esperaba en el gran salón. Temía esa reunión más que nada en el
mundo, porque no sabía lo que iba a decirle. Tenía la esperanza de que
estuvieran a solas. Si Edmure estaba presente, la humillación le dolería el
doble. No creía que Cat o Lysa asistieran, ya que era un tema entre hombres. Cuando
terminó de vestirse, abandonó el cuarto y comenzó a avanzar por el pasillo
lentamente sirviéndose de una muleta que el maestre Vyman había mandado hacer
para él.
sábado, 8 de septiembre de 2012
Capítulo 22
LYSA
Lysa estaba en su
cuarto recostada aunque era cerca del mediodía. Ya hacía casi un mes del duelo
y Petyr, a pesar de la gravedad de las heridas, había salvado la vida. Sólo le
quedaría una fea cicatriz en el pecho que, según había oído decir al maestre
Vyman, apenas se vería cuando le saliera vello. Mientras él iba mejorando, ella
cada vez se encontraba peor: la somnolencia la acompañaba todo el día, por no
hablar de la falta de apetito y las ganas de vomitar. Lo achacaba al cansancio por sus escapadas para cuidar del herido mientras su hermana estaba ocupada en
los preparativos de su enlace, pero de eso hacía ya más de veinte días. Nadie
la echaba de menos por el castillo en esas ocasiones, pensando que estaría en
el bosque de dioses. Hizo caso omiso a la prohibición paterna y acudió a ver a
su amado cuando éste estaba peor, inconsciente por el vino del sueño o lo que estuviera dándole el maestre. No quería delatarse, y menos después de lo
ocurrido durante la semana después del duelo…
Mientras
Vyman estaba ausente, Lysa se empezó a colar desde el primer momento en la
habitación para ver cómo estaba Petyr. El cuarto día, como en las veces
anteriores, le estuvo secando el sudor y poniendo sus manos en el pecho para
calmarlo cuando se movía con agitación. La fiebre le consumía y deliraba en
ocasiones, levantando las manos igual que si blandiera una espada, a la vez que
negaba con la cabeza. Era como si viviera el duelo una y otra vez. Lysa
imaginaba que Petyr quería vencer a toda costa aunque fuera en su mente. Sabía
lo que odiaba perder. Pero esa mañana su delirio fue distinto. Empezó a
temblar. Lysa lo arropó, pero no sirvió de nada. Petyr abría y cerraba los
ojos, mostrándolos en blanco, mientras se encogía y se abrazaba a sí mismo. Los
dientes le castañeteaban cada vez más. Ella se asustó, no sabía qué hacer.
Pensó en avisar al maestre Vyman, pero entonces descubrirían allí su presencia
y todo sería peor. No quería oír sermones de su padre sobre el honor, el deber
y todas esas monsergas que a ella no le preocupaban. Su única prioridad en esos
momentos era la vida del muchacho que amaba.
Buscó una manta para
abrigarlo más, pero no halló ninguna. Estaba desesperada. Entonces, sin pararse
a reflexionar, se metió vestida en la cama para darle calor. Se tendió junto a
él y lo abrazó. Petyr estaba helado como un carámbano a pesar de que el sudor
le empapaba la cabeza. Ella pensó que lo mejor sería que sus cuerpos estuviera
en contacto directo, piel con piel, a fin de transmitirle mejor el calor.
Tímidamente desató los cordones que cerraban por delante su vestido. «No hay
nada malo en esto. Es un enfermo al que estoy cuidando», reflexionó. Entonces, ¿por qué se
sentía culpable a la vez que nerviosa? No pensó en eso y de nuevo se arrimó a
él. Estaba húmedo y frío. De pronto, el enfermo se volvió con los ojos
cerrados, le cogió la cara y la besó. Lysa no se resistió, sino que respondió
al beso con avidez a pesar del regusto amargo de la boca de Petyr… Lo que pasó
después la hacía ponerse colorada de excitación al recordarlo. Y también la
enfurecía. Había entregado su doncellez al muchacho que amaba y él ni se había
enterado. Lo más triste es que la había llamado “Cat”. A pesar de todo, después
de aquel encuentro, volvió a ver a Petyr en dos ocasiones más en esa semana y
no pudo resistir la tentación de besarlo y dejarlo hacer.... La última vez
temió que él la reconociera, porque abrió los ojos de par en par, como si
despertara del letargo de la leche de la amapola. De hecho, le preguntó si era
Catelyn mientras le tocaba el pelo e intentaba apartarlo de su cara, y ella,
aunque dolida, le dijo que sí, ocultando su rostro tras un mechón de cabello. No
quería que él dejara de besarla, de abrazarla y de hacerla sentir tan bien.
Podía soportar que Petyr creyera que era Cat con tal de tenerlo para sí, aunque
fuera por unos pocos minutos…
Una arcada le sobrevino
de repente. No encontraba la forma de pararlas. Apenas comía y no le quedaba
nada que vomitar. Tendría que consultar con el maestre para que le diera
algún remedio que acabara con el suplicio que estaba viviendo los últimos días.
Se levantó mareada y fue en su busca. Ahora que Petyr ya parecía que iba
mejorando, estaba menos ocupado. Lo encontró en el cuarto donde preparaba las
medicinas y hacía sus investigaciones. Al entrar, vio en los ojos de Vyman que éste
sospechaba que no se encontraba bien. "Lysa, estás muy desmejorada, demacrada.
Dime qué síntomas tienes, porque adivino que has venido a consultarme.» La
muchacha le explicó todo lo que le ocurría. El maestre se quedó pensando, como
si no hallara las palabras adecuadas. «Hija mía, ¿cuándo fue la última vez que
tuviste la sangre de la luna?» Lysa se sonrojó. «¿Qué tiene eso que ver con lo
que me pasa, maestre?» Vyman insistió. La verdad era que ya hacía una semana que
debería haber tenido su sangre. «Creo que debo hablar con tu padre, pequeña.
Pero debes ser sincera conmigo. ¿Has intimado con algún muchacho?» Lysa no entendía
esas preguntas. ¿Qué relación había con lo que le estaba ocurriendo? En el
fondo no era más que una niña que no sabía nada… «¿Intimar, maestre? He besado
a alguno, sí, pero…» Vyman, trató de ser más claro dándole algunos detalles de
lo que quería decirle. Lysa se derrumbó y confesó sus visitas a Petyr mientras
que el maestre asentía.
![]() |
Fuente imagen: http://awoiaf.westeros.org/index.php/Lysa_Tully |
viernes, 7 de septiembre de 2012
Capítulo 21
PETYR
Despertó sudando. Abrió
los ojos despacio. La luz que apenas entraba por la ventana medio abierta le
quemaba las pupilas. Volvió la cabeza y descubrió al maestre Vyman dormitando
en una silla de madera y cuero. Pidió agua con un hilo de voz. El maestre no lo
oyó y siguió durmiendo. Petyr alzó una mano, intentando llegar a un vaso que
reposaba en la pequeña mesa instalada cerca de su cabecera. Con los dedos
empujó el recipiente y éste cayó al suelo, despertando a Vyman, que se alzó
como impulsado por un resorte. Se acercó al muchacho y le tocó la frente: la
fiebre estaba remitiendo. Petyr sentía como si se hubiera despertado de un
sueño muy profundo, interrumpido por unos pocos momentos de lucidez. O de algo
parecido. No conseguía distinguir lo que fueron estados de sueño y de vigilia.
Ahora ya notaba la mente un poco más clara y despejada. Preguntó al maestre cuánto
tiempo llevaba allí: quince días. ¡Tanto! A él le dio la sensación de que había
sido menos. Se tanteó el cuerpo: estaba delgado, con los huesos de las caderas
muy marcados. Quiso incorporarse, pero no halló las fuerzas. El maestre le
acercó el agua y bebió con avidez. Su estómago vacío protestó con un rugido y
preguntó si podía tomar algo sólido. Vyman respondió afirmativamente y salió en
busca de unas gachas calientes. «Algo suave para empezar. Has estado a base de
caldos y leche de la amapola dos semanas.»
Ya solo, intentó
reorganizar sus pensamientos. Recordaba el duelo, recordaba a su doncella de
nieve y, lo más importante, recordaba a Cat besándolo. A lo mejor era también
parte de uno de sus delirios en mitad de la fiebre. Al haber perdido la noción
del tiempo, no sabía si ella lo había besado antes o después de alguno de sus
sueños o sólo lo imaginó. Le vinieron a la memoria los cabellos sobre la manta…
¿también eran una fantasía? Se miró la mano y buscó en la cama, pero ya no
estaban. Cerró los ojos a fin de concentrarse. Había soñado dos veces más con
la joven de pelo castaño desde su primer encuentro, tan desconcertante como placentero,
y en el que imaginó que era Catelyn. La segunda vez ya no estaba en mitad de un
paisaje frío, sino en un cómoda alcoba ricamente decorada. La muchacha acudía a
él buscando sus manos, sus labios, su abrigo, su protección. Se había sentido
poderoso abrazándola y sintiéndola como suya. De nuevo la joven lo había besado
con fuerza y todo se precipitó como en la primera ocasión. La última vez que
soñó con ella fue de lo más extraño. Por un breve instante creyó reconocerla
por fin. Su pelo ya no era castaño oscuro, sino rojizo, pero podía ser por
efecto de la luz de la vela que iluminaba la estancia. El rostro apenas se
dejaba ver, oculto por el cabello, pero había algo demasiado familiar en él,
tanto que… «¿Eres tú, Cat? Siempre has sido tú, ¿verdad?», se atrevió a
preguntar en medio de los besos que la muchacha le daba en el cuello. «Sí. Soy ella, Petyr, y te amo. Bésame, besa a tu
Catelyn.» Mientras pensaba en todo esto, notó que se excitaba. Había algo que cada vez
tenía más claro: Cat estuvo en su habitación y lo había besado. Esa sensación de
sus labios tocados por los de su amada había sido demasiado vívida. Pero
también lo era el cuerpo de su doncella de nieve, por lo que…
El maestre Vyman entró,
interrumpiendo sus cavilaciones. Le dio el plato de gachas con la paciencia de
una madre. Al terminar, Petyr se sentía un poco más fuerte y pidió levantarse.
El maestre lo ayudó y le aconsejó hacerlo con cuidado. Debía ir probando todos
los días a moverse para recuperar el tono muscular perdido tras tanto tiempo en
la cama. Se puso de pie y caminó unos cuantos pasos por la habitación, siempre
apoyado en Vyman. Al pasar por delante del pequeño espejo de cobre, éste le
devolvió la imagen de un ser desconocido: una figura delgada, con una cabeza
llena de pelo negro rizado y demasiado largo y con los pómulos hundidos. Se
pasó la mano por la barbilla y notó que le había crecido un vello más fuerte
allí, formando una especie de perillita puntiaguda. Se estaba convirtiendo en
un hombre a base de golpes. No era ni la sombra del antiguo Petyr. Mucho
tendría que caminar para recuperar parte del muchacho que había sido. Esbozó
una sonrisa y, en el fondo, se dio por derrotado, pero no quería admitirlo. «Estaba loco cuando reté en duelo al prometido de Cat», pensó. «Soy un
sentimental, lo quiera o no.» Siempre le decía a Lysa que la vida no era una
canción y ahora él lo había comprobado en sus propias carnes.
![]() |
Fuente imagen: www.pixiv.net/member_illust.php?mode=manga&illust_id=27336063 |
jueves, 6 de septiembre de 2012
Capítulo 20
CATELYN
Ya hacía cuatro días que
Petyr y Brandon se habían enfrentado en aquella pantomima de duelo. Se llevaron al muchacho gravemente herido y Cat temía por su vida. A pesar de las
súplicas de que no lo matara, su
prometido no tuvo más remedio que poner fin al combate asestándole una última y
definitiva estocada en vista de que Petyr no se rendía. Desde que lo
trasladaron a su habitación chorreando sangre y medio muerto, Lord Hoster Tully
había prohibido a las hermanas, sobre todo a Catelyn, ir a visitarlo. El
maestre Vyman tampoco tenía permiso para hablar de cómo estaba el muchacho. Su
padre veía como una afrenta las pretensiones del que consideraba un advenedizo.
Aunque lo había tratado como un hijo, no lo era: sólo era un Baelish, vasallo
suyo. Además, Catelyn era una muchacha prometida y no estaría bien que se
dedicara a visitar al que había retado a su futuro marido y declarado su amor por
ella públicamente.
Ante la falta de
noticias, decidió acercarse a los
aposentos de Petyr a riesgo de que su padre la sorprendiera. Apenas había
empezado a subir la escalera que la conduciría al piso de los dormitorios, se
tropezó con Lysa, que venía corriendo y llorando, sofocada y con el pelo revuelto.
Cat se temió lo peor. Agarró a su hermana por el brazo para que se detuviera y
la interrogó. «¿Qué pasa, Lysa? ¿Cómo está Petyr? ¿Tan grave es? ¡Dime algo,
por favor!» Lysa le respondió fuera de sí. «¡Petyr está más muerto que vivo y,
aún así, sólo piensa en ti! ¡Tú eres la culpable de esto! ¡Si muere, jamás te
lo perdonaré, jamás!» Catelyn le dio una bofetada, indignada ante semejante
acusación. «Lo quiero como a un hermano. ¡Batirse en duelo fue decisión suya!
No puede morir, ¡no debe morir!» Soltó a su hermana y se lanzó escaleras
arriba hacia la habitación de Petyr.
Llegada al pasillo de
los dormitorios, vio salir al maestre Vyman del cuarto donde convalecía el
herido. Se escondió en la oscuridad hasta que aquél pasó de largo. Todavía
esperó unos minutos por si alguien venía a vigilar al enfermo. Tras un tiempo
que consideró prudencial, se acercó de puntillas hasta la puerta y entró con
sigilo, cerrando tras de sí. La habitación estaba en penumbra y olía raro. El
aroma de la leche de la amapola y el olor de la fiebre se mezclaban,
impregnando toda la estancia. Se aproximó a la cama y contempló el rostro de
Petyr. Dormía de manera inquieta, moviendo los ojos bajo los párpados y
musitando palabras incomprensibles. No podía creer que estuviera tan mal... La última vez que lo había visto enfermo había sido unos años antes, cuando Lysa y ella le obligaron a comerse unos pasteles de barro que ellas hicieron. Empezó a acariciarle el pelo rizado,
buscando el extraño mechón blanco, al tiempo que derramaba unas lágrimas que
durante casi una semana se había resistido a verter. Al pasar la mano por la frente, notó que la tenía ardiendo.
Encontró un paño cerca de una jofaina llena de agua. Tras empaparlo, se lo pasó
para refrescar el sudor que perlaba toda la cara del muchacho y le humedeció
también los labios resecos. Lo miró fijamente. ¿Qué había ocurrido entre ellos?
Fueron felices de niños y ahora aquello se acabó. Se percató de que, justo en
ese instante, su infancia, la amistad inquebrantable de los tres, había acabado
para siempre y jamás volvería. Crecer y amar era una experiencia dolorosa. Lamentaba
en su interior que todo terminara así, porque lo quería con todo su corazón. Se
levantó para marcharse pero, antes de hacerlo, movida por un impulso extraño en
ella, besó a Petyr largamente en los labios a modo de despedida. El chico
emitió un sonido lloroso cuando se apartó de él, al tiempo que abría un poco
los ojos y decía su nombre. Catelyn le dio la espalda y salió de la habitación.
![]() |
Fuente imagen: lovesquall.tumblr.com |
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Capítulo 19
PETYR
No reconocía el lugar
donde se hallaba. Estaba nevando, sentía frío por todo el cuerpo, y también
dolor. Se pasó la lengua por los labios resecos. Tenía la boca amarga, como si
hubiera bebido la leche de la amapola, y necesitaba con urgencia una hoja de
menta. Buscó en los bolsillos de su escasa ropa, pero no encontró ninguna. Estaba
helado y puso los brazos bajo las axilas para intentar entrar en calor, pero no
dejaba de tiritar. Miró a su alrededor intentando ver algo que le resultara
familiar. A su espalda se alzaba una fortaleza gigantesca y extraña. Estaba
construida sobre un escarpado precipicio. Le recordó a los nidos de águilas que
había visto en Aguasdulces... Pero este sitio no era su hogar. Emprendió una
caminata sin rumbo a través de la nieve. A lo lejos creyó ver algo agazapado en
el manto blanco del suelo. Conforme se acercaba, la figura iba definiéndose
hasta que se convirtió en una persona de espaldas y arrodillada, tapada por una
capa con capucha. Quien quiera que fuese, estaba muy concentrado en algo que
hacía en la nieve. Al aproximarse, descubrió que estaba construyendo una
especie de castillo. Se acuclilló a su lado para ver mejor y la figura volvió
su rostro hacia él. Era la muchacha que visitaba sus sueños últimamente, tan
parecida a Cat, pero con el pelo castaño oscuro y más joven. Le
pidió ayuda para continuar su trabajo y así estuvieron no supo cuánto tiempo.
Terminada su obra, ella se incorporó y lo miró a los ojos con decisión. Petyr no dudó un
instante: se levantó a su vez, le tomó la cara y, por fin, la besó. ¿O era ella
quien lo besaba? Empezó a notar los labios de la muchacha anhelantes sobre su
boca, como si quisiera bebérsela, perdido el control por la excitación. La desconocida
y a la vez familiar aparición comenzó a explorar su cuerpo con las manos y él
se dejaba hacer, rendido, sobre la nieve. Ya no tenía frío: sólo sentía el
calor del cuerpo desnudo de la adolescente sobre el suyo. Los besos eran
repartidos por su boca, su pecho, su abdomen. Ella se colocó a horcajadas sobre él, le tomó las manos y se los
puso sobre sus pequeños senos, al tiempo que se arqueaba hacia atrás, tensando
su blanca espalda. Él empezó a moverse rítmicamente contra las caderas de la muchacha, sin control,
e inundado por una ola de placentero calor que le quemaba, exclamó «¡Oh, Cat,
mi Cat…!»
![]() |
Fuente imagen: http://akariyakki.tumblr.com/tagged/petyr |
Un golpe seco, como de
un portazo, lo sacó de su delirio. Abrió los ojos y todo se oscureció. Estaba sobre
una cama, solo, desnudo y medio destapado, en una habitación: su dormitorio de
Aguasdulces. Le pesaba el cuerpo dolorido y la cabeza era una olla hirviendo. Se
sentía ardiendo y la boca estaba pastosa y seca. Intentó moverse para colocarse
las mantas, pero un pinchazo bajo las costillas le hizo desistir y, entonces,
recordó: había retado a duelo a Brandon Stark y éste lo habría matado de no ser
por la intervención de Catelyn. Las magulladuras formaban un mosaico de teselas
púrpura en la piel y su pecho estaba vendado con fuerza.
![]() |
Fuente imagen: http://elysiumtan.tumblr.com/ |
La puerta se abrió y
entró el maestre Vyman. Mientras lo arropaba, le preguntó cómo se encontraba, a
lo que respondió como pudo que no muy bien. De hecho, creía haber estado
delirando. El maestre puso su mano en la frente del muchacho y confirmó que tenía
fiebre. Le dio a beber la leche de la amapola, pero él pidió agua. El maestre
se negó en rotundo y le obligó a sorber el líquido blanco de un cuenco. Petyr
retiró los labios asqueado después de un breve trago. Echaba de menos sus hojas
de menta, pero no podía hacer nada excepto seguir las recomendaciones de Vyman.
Cuando éste salió de la
habitación, empezó a recordar el sueño que había tenido en medio de su estado
febril. Había sido tan real… Los besos, el contacto de los cuerpos, el calor…
No: sólo eran alucinaciones producto del mejunje que le administraban para
calmar el dolor de las heridas y tenerlo sedado. No era capaz de adivinar
cuánto tiempo llevaba allí tumbado, ni si era de noche o de día: estaba
desorientado. Al acomodarse las ropas, notó una cálida humedad entre las
piernas. Metió la mano y la sacó manchada de algo que parecía sangre. ¿Tenía
una herida allí? Posiblemente. Mientras se limpiaba como podía en las mantas
descubrió sobre ellas unos cabellos largos y cobrizos. Con ellos entre los
dedos, cayó de nuevo en un profundo sueño.
martes, 4 de septiembre de 2012
Capítulo 18
LYSA
El
temido día llegó. Lysa había intentado por todos los medios convencer a Petyr para que se retirara, pero él no se dejaba derrotar sin luchar antes. «Esto no es una
canción, es la vida real», le decía ella, precisamente ella, que siempre había soñado con princesas
y duelos vencidos por muchachos valientes, pero el chico no atendía a razones.
Su terquedad iba a ser la causa de su muerte y Lysa sufría por ello.
Las dos hermanas se
encontraban el patio de armas de Aguasdulces, esperando la llegada de los dos
combatientes. El primero en aparecer fue Brandon, ataviado con una excelente
armadura. Catelyn le había dado como prenda un pañuelo bordado con
truchas saltarinas y se lo estaba anudando a la mano en ese momento, al tiempo
que le decía «Sólo es un niño tonto, pero lo quiero como a un hermano. Me
causaría dolor verlo morir.» Lysa sabía que Petyr le había solicitado una
prenda a su vez, pero Cat no le dirigía la palabra desde que retó a su
prometido a duelo. Cinco minutos después se presentó el muchacho. No vestía armadura,
sólo la cota de malla, el peto y un yelmo viejo y abollado. La espada tampoco
era precisamente nueva y Petyr no parecía tener fuerzas suficientes para
levantarla del todo. Lysa se sintió morir al ver la diferencia entre los
combatientes: un hombre armado frente a un niño indefenso. Era como una pelea
entre un león y un gato. De repente, Brandon Stark se despojó de la mayor parte
de la armadura. «Eso es más justo», pensó Lysa.
Ya estaban preparados
para comenzar. Incluso sin armadura, el Stark era una persona imponente, un caballero fuerte
y curtido en el entrenamiento con la espada. Adoptó la postura de guardia y
esperó a que el muchacho hiciera el primer movimiento. Petyr se lanzó sin
pensar hacia el pecho de su oponente con la espada cogida con ambas manos. Brandon
no tuvo problema en esquivarlo y descargar su acero sobre el hombro de Petyr,
que cayó de rodillas dolorido. El prometido de Catelyn dejó que el chico se
levantara y volvió a esperar su ataque, que de nuevo fue rechazado y terminó
con otro golpe de espada en el costado. Esto se repetía una y otra vez durante
un tiempo que a Lysa se le hacía eterno. Petyr se tambaleaba cada vez más
herido y sangrante, retrocediendo por el patio hasta llegar a la escalera que
llevaba al río. La lucha continuó dentro del agua. Lysa rezaba mentalmente a la
Madre y al Guerrero para que protegieran a su amado. Observó a Cat, que cerraba
los ojos a cada golpe que Petyr recibía, conteniendo el aliento y manteniendo
el tipo, pero sus manos delataban su nerviosismo. Brandon exigió al muchacho que se rindiera varias veces, a lo que él
respondía con un gesto de negación a pesar de que la derrota era inminente
desde el principio. A Lysa le dio la sensación de que Brandon estaba harto del
espectáculo. Vio cómo miraba hacia su hermana, buscando su aprobación para
poner fin al duelo. Cat suplicó con los ojos que acabara con la tortura del
muchacho y el Stark lanzó un tajo que cortó la protección de Petyr, causándole
una herida bajo las costillas que comenzó a sangrar profusamente. El chico
dirigió su última mirada a la mayor de las Tully y, mientras caía al agua
sujetándose el pecho malherido, murmuró «Cat» y se desmayó. Lysa corrió hasta
el río y se metió en él para sacar a flote la cabeza de Petyr. Al momento
acudieron varios sirvientes y el maestre Vyman, que se encargaría de curarle
las horribles heridas. Mientras trasladaban al muchacho moribundo, Lysa creyó
ver una lágrima asomar a los ojos de Catelyn.
![]() |
Fuente imagen: http://elysiumtan.tumblr.com/ |
lunes, 3 de septiembre de 2012
Capítulo 17
PETYR
Estaba
en el bosque de dioses. No era consciente de haber llegado hasta allí, pero el
cansancio le decía que había estado corriendo. Sentía la cabeza embotada, como
si una niebla le impidiera ver sus propios pensamientos. De repente, vislumbró
en su interior a Cat, su Cat, junto a aquel hombre que se la robaba, las manos
entrelazadas y ella resplandeciente de felicidad. Se dejó caer sobre la hierba,
agotado y sudoroso, la espalda tocando el suelo. Empezó a llorar
desconsoladamente mientras repetía una y otra vez el nombre de su amada. «Cat,
Cat, Cat, Cat, ¿por qué me haces esto?» Le dolía el pecho por la carrera, pero
él imaginaba que la razón era su corazón roto. Se tapó la cara con las manos y
sollozó como un niño. Escuchó los pasos de alguien que se
aproximaba. Lysa surgió de entre los árboles, resollando sin aliento. Ni se
había percatado de que ella lo persiguió cuando salió huyendo del salón
principal de Aguasdulces. Se aproximó a él con el rostro compungido. «Petyr, no
llores, no merece la pena. Cat nunca podría haber sido tuya.» El muchacho
rechazó su intento de abrazo al tiempo que le decía «¿Qué sabrás tú de lo que
me pasa? ¡Sólo eres una cría con la cabeza llena de pájaros!» Lysa se apartó,
dolida. «Sé lo que es amar y que no te correspondan… Y tú eres el culpable de
ello, Petyr.» ¿A qué se refería? Nunca pensó que Lysa hubiera estado realmente
enamorada de alguien en su vida, sólo pensaba en los protagonistas de las
canciones que tanto le gustaban y en los besos de menta… ¿O no? No podía ser…
¡El juego de los besos no había sido sólo una travesura de las suyas! Ella lo
había tomado en serio y por eso había estado demandando sus labios durante
aquellos días en el bosque de dioses. ¡Qué ciego había estado! Petyr soltó un
risa histérica. ¡Era increíble a la vez que irónico! Lysa enamorada de él, él
de Cat y Cat a punto de casarse con otro. Qué patético sonaba todo. El amor era
algo horrible e injusto. En el mundo real no cabían los romances de los poemas
y las canciones. Sin embargo, él podría… La cara de Petyr se iluminó en un instante
y Lysa observó extrañada la transformación de su rostro, que se hizo pétreo. «¿Qué te ocurre? Me estás dando miedo», le dijo mientras le pasaba las manos
por las mejillas húmedas de lágrimas. No oía los requerimientos de la muchacha.
Una idea le pasó por la mente. Una idea loca, pero ¿acaso no era de locos todo
lo que estaba viviendo? «Voy a retar a Brandon Stark a un duelo. Cat tendrá que
escucharme esta vez lo quiera o no», dijo en voz alta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)