PETYR
No reconocía el lugar
donde se hallaba. Estaba nevando, sentía frío por todo el cuerpo, y también
dolor. Se pasó la lengua por los labios resecos. Tenía la boca amarga, como si
hubiera bebido la leche de la amapola, y necesitaba con urgencia una hoja de
menta. Buscó en los bolsillos de su escasa ropa, pero no encontró ninguna. Estaba
helado y puso los brazos bajo las axilas para intentar entrar en calor, pero no
dejaba de tiritar. Miró a su alrededor intentando ver algo que le resultara
familiar. A su espalda se alzaba una fortaleza gigantesca y extraña. Estaba
construida sobre un escarpado precipicio. Le recordó a los nidos de águilas que
había visto en Aguasdulces... Pero este sitio no era su hogar. Emprendió una
caminata sin rumbo a través de la nieve. A lo lejos creyó ver algo agazapado en
el manto blanco del suelo. Conforme se acercaba, la figura iba definiéndose
hasta que se convirtió en una persona de espaldas y arrodillada, tapada por una
capa con capucha. Quien quiera que fuese, estaba muy concentrado en algo que
hacía en la nieve. Al aproximarse, descubrió que estaba construyendo una
especie de castillo. Se acuclilló a su lado para ver mejor y la figura volvió
su rostro hacia él. Era la muchacha que visitaba sus sueños últimamente, tan
parecida a Cat, pero con el pelo castaño oscuro y más joven. Le
pidió ayuda para continuar su trabajo y así estuvieron no supo cuánto tiempo.
Terminada su obra, ella se incorporó y lo miró a los ojos con decisión. Petyr no dudó un
instante: se levantó a su vez, le tomó la cara y, por fin, la besó. ¿O era ella
quien lo besaba? Empezó a notar los labios de la muchacha anhelantes sobre su
boca, como si quisiera bebérsela, perdido el control por la excitación. La desconocida
y a la vez familiar aparición comenzó a explorar su cuerpo con las manos y él
se dejaba hacer, rendido, sobre la nieve. Ya no tenía frío: sólo sentía el
calor del cuerpo desnudo de la adolescente sobre el suyo. Los besos eran
repartidos por su boca, su pecho, su abdomen. Ella se colocó a horcajadas sobre él, le tomó las manos y se los
puso sobre sus pequeños senos, al tiempo que se arqueaba hacia atrás, tensando
su blanca espalda. Él empezó a moverse rítmicamente contra las caderas de la muchacha, sin control,
e inundado por una ola de placentero calor que le quemaba, exclamó «¡Oh, Cat,
mi Cat…!»
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Un golpe seco, como de
un portazo, lo sacó de su delirio. Abrió los ojos y todo se oscureció. Estaba sobre
una cama, solo, desnudo y medio destapado, en una habitación: su dormitorio de
Aguasdulces. Le pesaba el cuerpo dolorido y la cabeza era una olla hirviendo. Se
sentía ardiendo y la boca estaba pastosa y seca. Intentó moverse para colocarse
las mantas, pero un pinchazo bajo las costillas le hizo desistir y, entonces,
recordó: había retado a duelo a Brandon Stark y éste lo habría matado de no ser
por la intervención de Catelyn. Las magulladuras formaban un mosaico de teselas
púrpura en la piel y su pecho estaba vendado con fuerza.
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La puerta se abrió y
entró el maestre Vyman. Mientras lo arropaba, le preguntó cómo se encontraba, a
lo que respondió como pudo que no muy bien. De hecho, creía haber estado
delirando. El maestre puso su mano en la frente del muchacho y confirmó que tenía
fiebre. Le dio a beber la leche de la amapola, pero él pidió agua. El maestre
se negó en rotundo y le obligó a sorber el líquido blanco de un cuenco. Petyr
retiró los labios asqueado después de un breve trago. Echaba de menos sus hojas
de menta, pero no podía hacer nada excepto seguir las recomendaciones de Vyman.
Cuando éste salió de la
habitación, empezó a recordar el sueño que había tenido en medio de su estado
febril. Había sido tan real… Los besos, el contacto de los cuerpos, el calor…
No: sólo eran alucinaciones producto del mejunje que le administraban para
calmar el dolor de las heridas y tenerlo sedado. No era capaz de adivinar
cuánto tiempo llevaba allí tumbado, ni si era de noche o de día: estaba
desorientado. Al acomodarse las ropas, notó una cálida humedad entre las
piernas. Metió la mano y la sacó manchada de algo que parecía sangre. ¿Tenía
una herida allí? Posiblemente. Mientras se limpiaba como podía en las mantas
descubrió sobre ellas unos cabellos largos y cobrizos. Con ellos entre los
dedos, cayó de nuevo en un profundo sueño.
Genial como siempre! Pelo largo y cobrizo..mmm...me parece que una de las Tully ha estado velando por nuestro pequeño Petyr...;)
ResponderEliminarJejejeeee... A ver qué pasa mañana.
EliminarEsto esta que arde y yo ansiosa de seguir leyendo :)
ResponderEliminarQue intenso encuentro del tercer sueño XD, muy pasional, lástima que no era real, o será una premonición, acaso ocurrirá ese encuentro más adelante, sin duda Lysa ha cuidado de él, quiero verlo feliz, espero que esas heridas sanen pronto. ^^
ResponderEliminarYo si que se como cuidar de él y no el maestre con su leche de la amapola.
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