viernes, 14 de septiembre de 2012

Capítulo 28

 
PETYR
Fue llamado para presentarse ante Ser Brynden Tully. Como Lord Hoster aún reposaba de su ataque, delegó en su hermano el asunto de Petyr, que había quedado en suspenso. El muchacho lo prefirió, porque tenía más confianza con el Pez Negro, quien había sido más un padre para él que el propio señor de Aguasdulces. Petyr aún recordaba una noche, hacía unos tres años, en la que Edmure, Cat, Lysa y él se habían emborrachado con dorado del Rejo aprovechando la ausencia de los adultos y Ser Brynden se había ocupado de ocultar el estropicio a Lord Hoster para que no los castigara. En aquella ocasión, Petyr había estado bailando con Cat y ella parecía divertirse mucho. En ese estado de embriaguez, él intentó besar a Catelyn, pero ésta lo rechazó bruscamente. Por aquel entonces aún no tenía tan claros sus sentimientos; lo que sentía era una especie de veneración por aquella niña alta de pelo castaño rojizo que se movía con tanta elegancia en torno a él bajo el influjo del alcohol, riendo a carcajadas y lanzándole besos con picardía. Aquello quedaba tan lejos en el tiempo... Eran sólo unos críos, aunque, ¿eran adultos ahora? Estaban madurando a través de desengaños y sufrimientos. Hubiera preferido no crecer nunca y volver a ser el niño que jugaba a ser el caballero de Cat. Pero eso era imposible. 

Ser Brynden ya lo esperaba en el salón principal de Aguasdulces. Petyr entró tranquilo y se sentó frente a él. Imaginaba que se había tomado alguna decisión sobre su futuro en el castillo. Él no estaba muy preocupado: Cat no tardaría en casarse y el problema quedaría solucionado con su marcha, aunque él perdiera al amor de su vida... Al menos la vería alguna vez cuando ella visitara a su padre. Por lo que había oído, Lysa también se iba a casar, no tenía claro con quién; ella no le comentó nada cuando estuvieron juntos en su cuarto, pero la notó tan triste que posiblemente ya supiera algo en ese momento. En cierto modo, lo que ocurrió entre ellos tenía un dejo de despedida y también de despecho por ambas partes. Petyr desahogó sus deseos de poseer conscientemente a Cat con Lysa y ella pareció buscarlo a su vez como cuando le pidió un beso de menta: para experimentar qué se sentía haciendo el amor con alguien querido. Después de aquel encuentro, ella se marchó sin despertarlo y no volvió a verla. Había sido algo muy raro, pero no se arrepentía. Todo lo que estaba ocurriendo parecía haberle endurecido y no creía que nada pudiera hacerle daño ya. Pero esto sólo era una manera de ocultar todos sus temores e inseguridades. Era necesario hacerse una coraza para no mostrar más sus debilidades.


Ser Brynden comenzó a hablar a Petyr: «Hijo, mi hermano y yo hemos estado hablando sobre qué hacer contigo. Debes reconocer que tu presencia aquí ya no es bienvenida. Eres joven, pero nunca te había tenido por un alocado. Desde que viniste, percibí mucho mejor que Lord Hoster tu valía e intelecto. Es una pena que todo tenga que precipitarse y terminar de este modo.» Petyr escuchaba serio y tenso. ¿Qué iban a hacer con él? Su sueño habría sido quedarse en Aguasdulces como administrador para aprender todos los secretos de la economía de un gran señorío. «Te aseguro que he intentado por todos los medios suavizar la decisión de mi hermano, pero no ha dado su brazo a torcer: te irás de Aguasdulces y regresarás a Los Dedos.» Petyr no creía lo que estaba oyendo. ¡Volver a ese sitio miserable, como un perro apaleado y con el rabo entre las piernas! La sangre le subió a la cabeza y dejó de oír lo que Ser Brynden seguía diciendo, como si se hubiera caído a un pozo y oyera voces desde el brocal, ecos ininteligibles. Sólo acertó a entender que esa misma tarde abandonaría el castillo. Se levantó como un muerto viviente, incapaz de responder, y se dirigió a su habitación con la mente confusa.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Capítulo 27

 
CATELYN
Mientras su padre estaba convaleciente, Catelyn volvía a asumir las tareas de señora de Aguasdulces. Las ocupaciones no le ayudaban a quitarle de la cabeza los acontecimientos recientes. Lo ocurrido durante la reunión con Petyr se había mantenido en secreto, pero ella sabía por Lysa que andaba de por medio el honor de la familia. Su hermana le había confesado que había dejado de ser doncella con él, aprovechando su reposo. Cat sintió una punzada de celos cuando oyó eso, no entendía por qué. Iba a casarse con un hombre de posición social importante, joven y guapo, y sería la señora de una gran fortaleza como Invernalia, pero no lograba sacar de su cabeza al muchacho enamorado de ella. Si tanto la quería, ¿por qué había compartido su lecho con Lysa? Se pasó la mano por la cara: la tenía ardiendo. Imaginar qué sería estar con él en la intimidad la hizo estremecerse. Nunca lograba ponerse en esa situación con Brandon Stark porque no dejaba de ser un desconocido. Con Petyr era una sensación extraña: lo trataba como a un hermano pero, desde que la besó y le confesó sus sentimientos, una pequeña parte de su corazón se había vuelto rebelde y le hacía pensar en él de otra manera, asaltando su mente cuando menos lo esperaba. El último encuentro con él la tenía obsesionada: verlo todavía herido, cojeando, tan delgado pero tan esbelto, tomando su mano para llevársela a los labios… Y hablándole de su incursión en la habitación, donde lo había besado. ¿Por qué tuvo que hacer eso?
Ser Brynden ayudaba a Cat durante el reposo de Lord Hoster. Ese día tenía una reunión con él. Su tío estaba aguardándola en un salón secundario usado para visitas poco importantes. Su expresión era pesarosa. Catelyn se sentó a su lado y Ser Brynden le dijo que debían hablar del futuro de Petyr. «Está todo decidido, querida. Tu padre ha sido muy claro en este aspecto.» Por el tono de sus palabras, Cat imaginó lo peor. Y todo vino a confirmarse cuando su tío siguió hablando. Al término del encuentro, Ser Brynden abandonó la sala, dejando a la muchacha con el corazón en un puño. Tenía que hablar con Petyr urgentemente.
Ilustración: Elia Fernandez

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 26


LYSA
Lord Hoster había sufrido un fuerte ataque que lo tenía postrado casi una semana. El maestre Vyman se quejaba de la racha de calamidades que se estaban sucediendo en Aguasdulces, como si hubiera caído una maldición sobre la casa y la familia. Lysa se sentía culpable de todo. Los habitantes del castillo, desde el propio maestre hasta el más humilde sirviente, miraban mal a Petyr, al que acusaban tácitamente de lo ocurrido a Lord Tully. La reunión se había celebrado a puerta cerrada y nadie, salvo los asistentes, conocían el contenido de lo que allí se discutió, pero lo cierto es que Petyr estaba en el ojo del huracán. A Lysa le mortificaba verlo como el chivo expiatorio que pagaría lo que había sido culpa suya, porque imaginaba lo que su padre le había dicho…
Ese sentimiento de culpabilidad le hizo comportarse como una abnegada cuidadora de su progenitor. A pesar de las molestias que aún tenía, se pasaba muchas horas al lado de la cabecera del enfermo, atendiendo todas sus necesidades. Lord Tully estaba consciente, pero apenas le dirigía la palabra a su hija desde que ésta le había confesado que Petyr era inocente, que ella lo había seducido. Lord Hoster no era capaz de digerir una noticia así y prefería seguir engañándose con la idea de que el seductor había sido Petyr. La joven lo entendía. Catelyn jamás hubiera cometido semejante bajeza, no era digno de una dama. Lysa siempre había sido alocada y muy apasionada, no pudo evitarlo.
Cierto día, mientras le daba de comer a su padre, éste le preguntó que cómo se encontraba. Ella no se lo esperaba y respondió con un simple «bien». Lord Hoster tomó su mano al tiempo que empezaba a hablar: «Hija, he sido duro contigo, pero tienes que ponerte en mi lugar. Eres una Tully de Aguasdulces, has de cumplir con tu destino y casarte con un hombre de tu condición social. He decidido concertar tu matrimonio.» A Lysa empezó a temblarle el labio… ¿Qué estaría maquinando su padre? Ella esperaba un niño de Petyr, pero hablaba de casarla con alguien de su misma categoría… «Padre, quiero a Petyr y estoy embarazada de él. No creo que nadie más pueda ser mi esposo.» Lord Hoster clavó su ojos en ella de tal manera que la hizo estremecerse. «No tendrás un bastardo de ese sinvergüenza. Sólo te ha utilizado para ascender socialmente. El maestre te dará Té de la Luna y será como si nada hubiera ocurrido.» Lysa escuchaba sin dar crédito ¡Quería que matara a su bebé! ¿Estaría durmiendo y teniendo una pesadilla? Su padre continuó: «Te casarás con Lord Jon Arryn y te marcharás al Valle. El Lord Protector necesita una esposa joven y capaz de darle hijos, y ya hemos comprobado que tú eres fértil. Tu tío Brynden lo ha arreglado todo para que se celebre tu matrimonio el mismo día que el de tu hermana.» Con estas palabras dio por finalizada la conversación y la echó del cuarto. Lysa no tuvo oportunidad de replicar, aunque de nada hubiera valido. Tras todo lo ocurrido sólo le quedaba ser obediente y aceptar que los demás decidieran por ella. La niña rebelde y despreocupada ya no existía: se había convertido en una marioneta cuyos hilos movían otros. Pensó en la vida que le esperaba: obligada a beber el Té de la Luna y renunciar a su hijo, casada con el viejo Jon Arryn, expulsada de Aguasdulces, alejada de Petyr… Era para volverse loca. 

Salió de la habitación sin saber hacia dónde ir. Catelyn estaba muy ocupada atendiendo Aguasdulces en lugar de su padre y tampoco la escucharía. Siempre la había criticado por su irresponsabilidad y ahora se demostraba que tenía razón. Cat no sospechaba que estaba embarazada. A ella sólo le había contado que dejó de ser doncella en el lecho de Petyr. Sin darse cuenta de cómo, se vio ante la puerta del cuarto del muchacho. Era el único con el que le apetecía hablar. Apenas lo había visto un par de veces en el comedor tras el ataque sufrido por su padre. No parecía haberse enterado de nada... ¿Seguiría creyendo que era Cat la joven con la que estuvo? ¿Acaso su padre no le había dicho que era ella, Lysa, la que esperaba un hijo de él? Llamó a la puerta y una voz le preguntó desde dentro que quién era. «Soy Lysa», contestó. Tras unos segundos de silencio, Petyr la invitó a pasar. El muchacho estaba recostado en la cama, en camisa, con las manos detrás de la cabeza. Observó a Lysa de reojo, mostrando su encantadora sonrisa. Ella entró confiada y se sentó junto a él en el lecho. Petyr empezó a hablar sin que ella le hubiera dicho nada. «Estoy hecho un lío, Lysa. Cat dice que no me quiere como yo a ella y, sin embargo, tu padre asegura que estuvo en mi cama mientras que yo me recuperaba de mis heridas. Tu hermana ha reconocido que me besó, pero para ella el deber es más importante que el amor. Tú no harías algo así, siempre has sido diferente…» Lysa escuchaba mirando al techo. Catelyn había besado a Petyr. Quién sabe qué más hizo con él… pero no, su hermana nunca se atrevería a eso. El muchacho se incorporó de repente y le cogió la barbilla, obligándola a mirarle. «Pero, ¿a quién estoy contándole todo esto? La única persona que siempre me ha querido eres tú, ¿verdad? No te mereces sufrir por mí.» Cambió el tono de su voz por uno más susurrante, mientras le pasaba un dedo por la cara. «¿Sabes que te eché de menos durante mi convalecencia?» Lysa respiró hondo. «Estuve contigo cuando dormías bajo los efectos de la leche de la amapola», dijo con voz baja y temblorosa. No se atrevió a confesarle la verdad por miedo a su reacción. Acababa de perder la única oportunidad de aclararlo todo y notó que las lágrimas luchaban por salir. Petyr parecía conmovido por los ojos llorosos de la joven. Durante un instante se quedaron mirando fijamente. Él bajó los párpados con un pestañeo lento y seductor, al tiempo que sonreía de aquella manera pícara tan suya. 

Lysa notó el olor a menta que emanaba de su boca. Se dejó llevar por sus sentimientos y besó al muchacho, que no se resistió, sino que respondió al beso al tiempo que le acariciaba el cuerpo por encima de la ropa. Lysa necesitaba con urgencia tocar la piel de Petyr y le abrió la camisa, besándole la cicatriz del pecho. El joven desató los cordones del vestido y se lo bajó, mirando su cuerpo, como si fuera la primera vez que lo veía. Lysa se ruborizó. Sabía que no era así, pero él no lo recordaba. Metió las manos en los rizos oscuros y atrajo su cabeza para volver a besarlo. Iba a ser la última vez que disfrutaría en un acto tan íntimo y no estaba dispuesta a renunciar. No había nada que perder ya. Petyr tampoco se refrenó, estaba totalmente entregado. Lysa paladeaba el momento. Después de aquel instante de placer compartido con el amor de su vida, ya no volvería a sentir nada igual casada con un viejo al que no había visto jamás. Borró ese pensamiento y se concentró en lo que estaba viviendo. Estaba con él y él con ella, de una forma real, sin delirios febriles. Se recostó y Petyr se colocó sobre ella totalmente desnudo. Notaba sus huesudas caderas entre sus piernas, moviéndose a un ritmo cada vez mayor. Lysa se movió a su vez y lo abrazó con fuerza. La cabeza del joven se hundió entre sus pechos. De repente, él empezó a respirar fuerte y a gemir. Ella, alentada, también dejó salir un suspiro profundo. Cuando estaba en la cima del placer, como fuera de sí, Petyr estalló en un grito «¡Oh, Caaaat!» Agotado, se durmió sobre Lysa, que lloraba. No sabía si de alegría o de tristeza.

martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo 25

 
PETYR
El encuentro con Cat lo había dejado aturdido. Ya no sabía qué pensar… Catelyn parecía turbada cuando habló con él, ni siquiera pudo negar que lo había besado, pero tampoco le confesó que lo amara. Seguía siendo como su hermano y lo quería como tal; al menos eso creyó entender de las palabras de la muchacha. Se notaba un poco febril. Posiblemente eran los nervios por el encuentro con Lord Tully. Se colocó bien el jubón y reemprendió la marcha lentamente.
Entró por fin al salón principal. Allí lo esperaban Lord Hoster, Ser Brynden Tully y Vyman. No se explicaba qué pintaba allí el maestre. A lo mejor tenía que darle alguna mala noticia sobre su salud y las secuelas que las heridas le iban a dejar. Lord Hoster le indicó una silla con un gesto de cabeza. Su rostro tenía una expresión dura. Él posó sus ojos en Brynden, esperanzado. Había sido un confidente bondadoso en sus años infantiles y tenía fe en que lo defendería de la ira de Lord Tully. Tomó asiento y esperó a que el señor del castillo empezara a hablar. Aparentaba calma, pero las venas de la frente aparecían hinchadas. Fue directo al grano. «Petyr, estoy profundamente decepcionado. Aquí te hemos tratado como a uno más de la familia durante casi diez años, he compartido contigo el pan y la sal, has disfrutado de las comodidades de Aguasdulces y, lo que más me duele, has contado con la confianza de mis hijos…» Petyr estaba perdido, sin saber hacia dónde se dirigía el discurso. Lord Hoster seguía hablando: «Me has pagado avergonzándome ante la casa Stark, con la que he contraído una alianza poderosa, atreviéndote a retar al mismísimo heredero de Invernalia y prometido de mi hija.» ¿Le iba a echar un sermón por haber retado en duelo a Brandon Stark? ¿Acaso era ilícito hacerlo? Dejó que el señor de Aguasdulces continuara, esperando la finalidad de esa especie de introducción. «…Y lo peor no es eso.» Ahora Petyr ya no se imaginaba qué podría ser peor. Por primera vez, su cara de inocente frente a Lord Hoster era real. «Has deshonrado a la sangre de mi sangre de la manera más sucia y vil. Te has aprovechado de la inocencia usando alguna de tus tretas, pero esta vez no me valen excusas. Las pruebas son más que evidentes. ¿Qué tienes que decir en tu defensa?» ¿De qué demonios estaba hablando? El maestre Vyman asintió ante estas palabras cuando Lord Hoster lo miró, buscando su confirmación. Petyr no sabía qué responder porque desconocía de qué lo culpaban. Por un momento pensó en el beso de Cat. ¿Se referirían a eso? Se armó de valor y, sin saber de dónde le salían las palabras, respondió: «Mi señor, he estado un mes convaleciente, entre la vida y la muerte. Diré en mi defensa que retar a un duelo por amor no es ninguna deshonra. Su hija es digna de lo mejor y yo no soy nadie, pero hasta los seres más humildes merecen una oportunidad en la vida.» Lord Hoster lo escuchaba atónito, mientras su hermano Brynden le pedía calma y con un gesto invitaba al muchacho a continuar. Petyr, alentado, prosiguió. «Decís que he cometido un delito aún más grave que deshonra a su hija… Perdonadme si os digo que fue ella la que lo hizo voluntariamente.» Lord Hoster estalló en un grito: «Pero, ¿qué dices canalla? ¿Estás insinuando que mi hija se metió en tu asquerosa cama porque quiso? ¡Juro que te mato aquí mismo, escoria inmunda!» Ser Brynden apenas lograba sujetar a su hermano, que ya había empezado a desenvainar la espada. Petyr retrocedió asustado, al tiempo que se mareaba al comprender el alcance de lo que Lord Tully acababa de gritar ¡Cat en su cama, su doncella de nieve era ella! Entonces no fue sólo un beso… ¡Todo lo demás también era real! No sabía si reír o llorar. Lo amaba y se iba a casar con otro. El señor del castillo le apuntó con un dedo amenazador, al tiempo que gritaba «¿Quién te crees que eres, Meñique? ¡Jamás habrá un Baelish en mi familia, lo juro por los Siete! ¡Y te rebanaré el cuello como digas una palabra de est…!» Lord Hoster se desplomó de repente con el rostro congestionado.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Capítulo 24

CATELYN
            Se encontraba en una pequeña sala del castillo bordando para distraerse. No saber nada de Petyr en casi un mes era una tortura. Después de su breve y furtiva visita, no había vuelto a tener noticias de su estado, aunque confiaba en que sería bueno por lo que había oído comentar a Lysa, que obtenía información de cualquier parte. Su padre la tenía en total desconocimiento sobre la salud del muchacho como castigo por algo que, en realidad, no había sido culpa suya, pero en su fuero interno era una especie de penitencia que consideraba merecida. Por otra parte, los preparativos de su enlace con Brandon Stark no le hacían olvidar que su amigo más querido estaba postrado, herido por fuera y, sobre todo, por dentro. Cuando lo vio tendido en la cama, destrozado, quiso haber viajado en el tiempo y evitado que todo hubiera sucedido. Pero había algo que era imposible detener: el amor que Petyr sentía por ella.
La felicidad por su compromiso se veía empañada por el hecho de ser consciente de que existía una persona que la amaba hasta el punto de arriesgar su vida por demostrárselo. «Es sólo un niño», le había dicho a Brandon. Pero era “su niño”, el compañero de juegos y también, por qué no, el primero que la había besado por amor. Se tocó los labios al recordarlo… Su prometido era un joven ideal, superaba sus expectativas pero, ¿lo amaba realmente? ¿Y él a ella? Apenas se conocían, mientras que Petyr era como su hermano… Un hermano muy especial. De pequeños se contaban todos sus secretos y alguna vez habían jugado a ser un caballero y su dama. El niño huía de representar el papel de guerrero y optaba por idear adivinanzas y pruebas de ingenio para salvar a su amada de las garras de un fiero dragón. Siempre había sido diferente y muy inteligente. En aquellos momentos de diversión infantil, Cat no habría podido adivinar que, con el paso de los años, Petyr albergaría sentimientos de adulto hacia ella. ¿Por qué era todo tan complicado? 

Fuente imagen: pixiv.net

Dejó a un lado su labor y subió a los dormitorios. Con suerte se tropezaría con el maestre Vyman saliendo del cuarto de Petyr. Le interrogaría aunque luego se lo contara a su padre. Ya no le importaba correr el riesgo. Al doblar la esquina del pasillo se dio casi de bruces con quien menos esperaba: Petyr en persona. ¡Estaba recuperado! O eso parecía… Su aspecto no era el mejor, aunque lo notó más maduro, como si hubiera crecido mientras recobraba la salud. Incluso lucía una incipiente barbita. Reprimió el impulso de abrazarlo con fuerza, de gritar de alegría. Era como si él hubiera estado en una guerra y por fin regresara a casa después de mucho tiempo, sano y salvo. ¿Qué había de malo en estrecharlo entre sus brazos y darle un beso? Pero su sentido del decoro se lo impidió. A veces le daba la sensación de que tenía el corazón de piedra… Todo era fruto de su rígida educación. Por su parte, Petyr transmitía también su incomodidad ante el encuentro. Finalmente, Cat rompió el silencio. «No esperaba verte andando… Eso es buena señal, ¿no?» El muchacho asintió, levantando la muleta con aire irónico. «Sí, ahora tengo otra pierna…», contestó. Catelyn observó el cuerpo aún herido de Petyr y, sobre todo, la palidez de su rostro. Prefirió no aludir a ello y le pasó los dedos por el pelo. Lo tenía muy largo y el mechón blanco sobresalía entre la maraña oscura de sus cabellos. El chico bajó la cabeza al tiempo que le cogía la mano y se la llevaba a los labios. Ella no la retiró. «Cat, sigo queriéndote, debes saberlo. Es más: creo que tú también has empezado a quererme como yo lo hago. Sé que eras tú, no me puedes engañar…» La muchacha miró hacia otro lado al tiempo que la sangre le subía a la cara. ¿Por qué no pudo resistir el impulso de besarlo? Petyr continuó. «Estabas allí, te vi, tus cabellos se quedaron en mi cama y tú me besaste…» Catelyn negó con la cabeza, pero a él no podía engañarlo. Su lenguaje corporal la delataba. Nunca había podido mentir a ese muchacho tan avispado. «Calla, por favor. Debes olvidar, te lo suplico. Mi padre me mataría si se enterara de que fui a verte y a ti te haría algo peor. No creo que pudiera soportarlo, Petyr.» El joven abrió la boca para hablar, pero ella le interrumpió: «Estoy prometida, pero tú eres alguien muy importante en mi vida y siempre lo serás, aunque esté casada. Diez años no se pueden borrar de un plumazo. En mi corazón hay un hueco para ti, ya lo sabes. Pero olvídate de tu amor por mí y serás más feliz, Petyr. Y yo también.» Tomó la cara del muchacho entre sus manos. Por un instante se perdió en sus ojos verdegrisáceos rodeados de espesas y largas pestañas negras. Alzó la cabeza y le dio un beso en la frente. Sin volver a mirarlo, se marchó llorando por donde había venido.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Capítulo 23


PETYR
Tras casi treinta días de encierro, Petyr obtuvo permiso del maestre para salir de la habitación. Lo haría por su propio pie, aunque no sin trabajo. Había estado ejercitándose dos semanas en el cuarto y recuperado parte de las fuerzas, pero aún necesitaba apoyo para moverse. Seguía estando delgado y su rostro había perdido el color moreno después de un mes sin ver el sol. Parecía un fantasma y así se sentía él: un espíritu invisible al que nadie percibía. Era un ser sin importancia en la vida de Aguasdulces. Para más desgracia, aún presentaba numerosas cicatrices que irían desapareciendo, aunque la del pecho quedaría ahí para siempre, como un recuerdo doloroso del gran fracaso de su vida.

Mientras se vestía, se pasó la mano por el torso, acariciando la herida, y un pensamiento fugaz, como un fogonazo, le cruzó la mente: ¿Dónde estaba Lysa? Desde que se batió en duelo con el Stark no había sabido nada de ella. Era extraño… La muchacha le había confesado su amor y, sin embargo, no le visitó durante su convalecencia, mientras que Cat se había arriesgado a verle e incluso le había besado. Quizás estuvo en el cuarto mientras él dormía bajo los efectos de la leche de la amapola. El estado de semiinconsciencia que provocaba el brebaje le había dejado un sinfín de lagunas mentales. Era un remedio bastante peligroso y no convenía administrarlo mucho tiempo según le comentó el maestre. Ahora entendía por qué. Le fastidiaba haber perdido quince días de su vida que se resumían en un gran espacio en blanco, salpicado sólo por escenas que no lograba dilucidar si eran reales o soñadas.
Ese día estaba citado para hablar con Lord Hoster. Se encontraba poniéndose las botas cuando una sirvienta llamó a la puerta. La hizo pasar y ésta le comunicó que el señor del castillo ya lo esperaba en el gran salón. Temía esa reunión más que nada en el mundo, porque no sabía lo que iba a decirle. Tenía la esperanza de que estuvieran a solas. Si Edmure estaba presente, la humillación le dolería el doble. No creía que Cat o Lysa asistieran, ya que era un tema entre hombres. Cuando terminó de vestirse, abandonó el cuarto y comenzó a avanzar por el pasillo lentamente sirviéndose de una muleta que el maestre Vyman había mandado hacer para él.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Capítulo 22


LYSA
Lysa estaba en su cuarto recostada aunque era cerca del mediodía. Ya hacía casi un mes del duelo y Petyr, a pesar de la gravedad de las heridas, había salvado la vida. Sólo le quedaría una fea cicatriz en el pecho que, según había oído decir al maestre Vyman, apenas se vería cuando le saliera vello. Mientras él iba mejorando, ella cada vez se encontraba peor: la somnolencia la acompañaba todo el día, por no hablar de la falta de apetito y las ganas de vomitar. Lo achacaba al cansancio por sus escapadas para cuidar del herido mientras su hermana estaba ocupada en los preparativos de su enlace, pero de eso hacía ya más de veinte días. Nadie la echaba de menos por el castillo en esas ocasiones, pensando que estaría en el bosque de dioses. Hizo caso omiso a la prohibición paterna y acudió a ver a su amado cuando éste estaba peor, inconsciente por el vino del sueño o lo que estuviera dándole el maestre. No quería delatarse, y menos después de lo ocurrido durante la semana después del duelo…
Mientras Vyman estaba ausente, Lysa se empezó a colar desde el primer momento en la habitación para ver cómo estaba Petyr. El cuarto día, como en las veces anteriores, le estuvo secando el sudor y poniendo sus manos en el pecho para calmarlo cuando se movía con agitación. La fiebre le consumía y deliraba en ocasiones, levantando las manos igual que si blandiera una espada, a la vez que negaba con la cabeza. Era como si viviera el duelo una y otra vez. Lysa imaginaba que Petyr quería vencer a toda costa aunque fuera en su mente. Sabía lo que odiaba perder. Pero esa mañana su delirio fue distinto. Empezó a temblar. Lysa lo arropó, pero no sirvió de nada. Petyr abría y cerraba los ojos, mostrándolos en blanco, mientras se encogía y se abrazaba a sí mismo. Los dientes le castañeteaban cada vez más. Ella se asustó, no sabía qué hacer. Pensó en avisar al maestre Vyman, pero entonces descubrirían allí su presencia y todo sería peor. No quería oír sermones de su padre sobre el honor, el deber y todas esas monsergas que a ella no le preocupaban. Su única prioridad en esos momentos era la vida del muchacho que amaba.
Buscó una manta para abrigarlo más, pero no halló ninguna. Estaba desesperada. Entonces, sin pararse a reflexionar, se metió vestida en la cama para darle calor. Se tendió junto a él y lo abrazó. Petyr estaba helado como un carámbano a pesar de que el sudor le empapaba la cabeza. Ella pensó que lo mejor sería que sus cuerpos estuviera en contacto directo, piel con piel, a fin de transmitirle mejor el calor. Tímidamente desató los cordones que cerraban por delante su vestido. «No hay nada malo en esto. Es un enfermo al que estoy cuidando», reflexionó. Entonces, ¿por qué se sentía culpable a la vez que nerviosa? No pensó en eso y de nuevo se arrimó a él. Estaba húmedo y frío. De pronto, el enfermo se volvió con los ojos cerrados, le cogió la cara y la besó. Lysa no se resistió, sino que respondió al beso con avidez a pesar del regusto amargo de la boca de Petyr… Lo que pasó después la hacía ponerse colorada de excitación al recordarlo. Y también la enfurecía. Había entregado su doncellez al muchacho que amaba y él ni se había enterado. Lo más triste es que la había llamado “Cat”. A pesar de todo, después de aquel encuentro, volvió a ver a Petyr en dos ocasiones más en esa semana y no pudo resistir la tentación de besarlo y dejarlo hacer.... La última vez temió que él la reconociera, porque abrió los ojos de par en par, como si despertara del letargo de la leche de la amapola. De hecho, le preguntó si era Catelyn mientras le tocaba el pelo e intentaba apartarlo de su cara, y ella, aunque dolida, le dijo que sí, ocultando su rostro tras un mechón de cabello. No quería que él dejara de besarla, de abrazarla y de hacerla sentir tan bien. Podía soportar que Petyr creyera que era Cat con tal de tenerlo para sí, aunque fuera por unos pocos minutos…
Una arcada le sobrevino de repente. No encontraba la forma de pararlas. Apenas comía y no le quedaba nada que vomitar. Tendría que consultar con el maestre para que le diera algún remedio que acabara con el suplicio que estaba viviendo los últimos días. Se levantó mareada y fue en su busca. Ahora que Petyr ya parecía que iba mejorando, estaba menos ocupado. Lo encontró en el cuarto donde preparaba las medicinas y hacía sus investigaciones. Al entrar, vio en los ojos de Vyman que éste sospechaba que no se encontraba bien. "Lysa, estás muy desmejorada, demacrada. Dime qué síntomas tienes, porque adivino que has venido a consultarme.» La muchacha le explicó todo lo que le ocurría. El maestre se quedó pensando, como si no hallara las palabras adecuadas. «Hija mía, ¿cuándo fue la última vez que tuviste la sangre de la luna?» Lysa se sonrojó. «¿Qué tiene eso que ver con lo que me pasa, maestre?» Vyman insistió. La verdad era que ya hacía una semana que debería haber tenido su sangre. «Creo que debo hablar con tu padre, pequeña. Pero debes ser sincera conmigo. ¿Has intimado con algún muchacho?» Lysa no entendía esas preguntas. ¿Qué relación había con lo que le estaba ocurriendo? En el fondo no era más que una niña que no sabía nada… «¿Intimar, maestre? He besado a alguno, sí, pero…» Vyman, trató de ser más claro dándole algunos detalles de lo que quería decirle. Lysa se derrumbó y confesó sus visitas a Petyr mientras que el maestre asentía.
Fuente imagen: http://awoiaf.westeros.org/index.php/Lysa_Tully